Frikifamily's Adventure Overseas

Por fin nos habíamos convencido de que había que moverse, hacer noche en algún lugar con piscina en este clima subtropical, pasear por los frondosos bosques y admirar los magníficos lagos… Así que, hacia las 2 de la tarde, allá que nos fuimos, camino de un “resort” para disfrutar de unas horas de tiempo libre “outdoor”… ¡el primer día de lluvia del verano que se acaba!

¡Bah! ¿Qué nos importa la lluvia, si hay casi 30ºC de temperatura? Llevamos el maletero lleno de chancletas y toallas, gafas de sol, crema protectora… por si se van las nubes…
Y como soy una valiente, conducía yo en este primer viaje largo (de 90 millas, no os vayáis a pensar) Ya sabéis cómo es esto de las larguísimas carreteras interestatales estadounidense: aburrido a más no poder, perfectos para distraerse… y en la milla 60 ¡CLONK!¿?¡CLONK! ¿Hemos atropellado un pájaro?¿Un trozo de neumático? 
"Bueno, no pasa nada, sigamos… Pero ¿Porqué las revoluciones no dejan de subir? Qué raro… Vamos a parar en la próxima salida porque esto no va bien."
Y así hicimos, nos desviamos en la siguiente salida, y después de ceder el paso en la intersección… ¡el coche no se movía!¡Ni hacia delante, ni hacia atrás! A empujones de Joaquín conseguimos apartarnos al arcén (afortunadamente, frente a un área de servicio bastante concurrida). Eran las 3:30 pm.
Durante un rato no supimos bien qué hacer, excepto llamar al teléfono de emergencia de la compañia de seguros del coche, que nos facilitaría una grúa para llevarlo hasta un máximo de 15 millas (y las millas adicionales a razón de $5 cada una O_O). Mientras Joaquín se hacía entender por la operadora del seguro (que lo primero que preguntó es si estábamos todos bien, anotad y comparad), aparcó detrás de nosotros ¡la policía! en el cuerpo de un mozo bien plantado con tupecillo y sonrisa, que nos trató estupendamente y nos transportó en su super coche hasta el área de servicio cercana, nos dejó su tarjeta para que le llamáramos si teníamos cualquier problema y nos facilitó los teléfonos de un par de compañías de taxi de la zona.
Conseguimos instalarnos en el Arby’s FOOD GOOD MOOD, anejo a la tienda de conveniencia de la gasolinera LOVE’S, para tener un centro de operaciones al abrigo de la WI-FI de pago (nos hicimos una cuenta para acceder a internet durante una hora por $2) y nos dispusimos a buscar alternativas para nuestros cuerpos serranos abandonados en mitad de la nada… mientras la grúa venía y se llevaba nuestra tartana a su propio taller, relativamente próximo.
Y la verdad, no había alternativas razonables porque este fin de semana es uno de esos festivo-festivo-festivo y todas las oficinas de alquiler de coches de 15 millas a la redonda estaban cerradas. En este momento eran las 5:00 pm, y decidimos llamar a un taxi que nos devolviera a nuestra casa por el módico de unos $100. Y pensáis que ya está, ¿verdad? ¡Pues no! A las 5:45 pm volvimos a llamar, un poco extrañados de la tardanza… pero ya nos informaron de que en unos 20 minutos estaría el taxi. WOW. Así que aprovechamos para honrar nuestra paciencia con unos aros de cebolla bien grasientos. 
(http://www.flickr.com/photos/40954787@N00/3341930)
Por fin, a las 6:15 aproximadamente llegó el taxi, nos hizo montar, nos llevó hasta un surtidor (a 50 metros) nos dejó subidos y con el motor en marcha mientras se iba a la tienda “mumbling” - murmurando no sé qué porque no le habían dicho que tenía que hacerse 60 millas de ida y otras tantas para volver, salió de la tienda, ¡abrió el depósito de la gasolina y se puso a repostar!¡¡¡con el motor en marcha!!!¡¡¡y nosotros dentro!!!
Luego era un tipo simpático y conversador que tuvo a Joaquín muy entretenido todo el viaje (o eso parecía) contándole su vida (Afganistán, beisbol, familia numerosa… ); nos trajo sanos y salvos a casa en un rato prudente (a una velocidad imprudente) y nos cobró más o menos lo pactado.
Aunque agotados con tanta aventura emocionante, tuvimos fuerzas para estudiarnos la carta del chino de guardia con reparto a domicilio, y encargar lo que pensamos que era comida para 5… Juzgad vosotros mismos por la foto: vamos a comer chino lo que queda de semana… La comida tardó media hora menos de lo anunciado (60 minutos - casi nos da un infarto) y costó el doble de lo razonable, pero claro, la cantidad de gente que podría sentarse a cenar con nosotros lo justifica.
En fin, que salir al extranjero es una fantástica forma de aprender que hay tantas soluciones a los “problemas” como personas habitan este planeta. Todo es diferente porque TODOS somos diferentes. Y eso es algo que no deberíamos olvidar.

Por fin nos habíamos convencido de que había que moverse, hacer noche en algún lugar con piscina en este clima subtropical, pasear por los frondosos bosques y admirar los magníficos lagos… Así que, hacia las 2 de la tarde, allá que nos fuimos, camino de un “resort” para disfrutar de unas horas de tiempo libre “outdoor”… ¡el primer día de lluvia del verano que se acaba!

¡Bah! ¿Qué nos importa la lluvia, si hay casi 30ºC de temperatura? Llevamos el maletero lleno de chancletas y toallas, gafas de sol, crema protectora… por si se van las nubes…

Y como soy una valiente, conducía yo en este primer viaje largo (de 90 millas, no os vayáis a pensar) Ya sabéis cómo es esto de las larguísimas carreteras interestatales estadounidense: aburrido a más no poder, perfectos para distraerse… y en la milla 60 ¡CLONK!¿?¡CLONK! ¿Hemos atropellado un pájaro?¿Un trozo de neumático? 

"Bueno, no pasa nada, sigamos… Pero ¿Porqué las revoluciones no dejan de subir? Qué raro… Vamos a parar en la próxima salida porque esto no va bien."

Y así hicimos, nos desviamos en la siguiente salida, y después de ceder el paso en la intersección… ¡el coche no se movía!¡Ni hacia delante, ni hacia atrás! A empujones de Joaquín conseguimos apartarnos al arcén (afortunadamente, frente a un área de servicio bastante concurrida). Eran las 3:30 pm.

Durante un rato no supimos bien qué hacer, excepto llamar al teléfono de emergencia de la compañia de seguros del coche, que nos facilitaría una grúa para llevarlo hasta un máximo de 15 millas (y las millas adicionales a razón de $5 cada una O_O). Mientras Joaquín se hacía entender por la operadora del seguro (que lo primero que preguntó es si estábamos todos bien, anotad y comparad), aparcó detrás de nosotros ¡la policía! en el cuerpo de un mozo bien plantado con tupecillo y sonrisa, que nos trató estupendamente y nos transportó en su super coche hasta el área de servicio cercana, nos dejó su tarjeta para que le llamáramos si teníamos cualquier problema y nos facilitó los teléfonos de un par de compañías de taxi de la zona.

Conseguimos instalarnos en el Arby’s FOOD GOOD MOOD, anejo a la tienda de conveniencia de la gasolinera LOVE’S, para tener un centro de operaciones al abrigo de la WI-FI de pago (nos hicimos una cuenta para acceder a internet durante una hora por $2) y nos dispusimos a buscar alternativas para nuestros cuerpos serranos abandonados en mitad de la nada… mientras la grúa venía y se llevaba nuestra tartana a su propio taller, relativamente próximo.

Y la verdad, no había alternativas razonables porque este fin de semana es uno de esos festivo-festivo-festivo y todas las oficinas de alquiler de coches de 15 millas a la redonda estaban cerradas. En este momento eran las 5:00 pm, y decidimos llamar a un taxi que nos devolviera a nuestra casa por el módico de unos $100. Y pensáis que ya está, ¿verdad? ¡Pues no! A las 5:45 pm volvimos a llamar, un poco extrañados de la tardanza… pero ya nos informaron de que en unos 20 minutos estaría el taxi. WOW. Así que aprovechamos para honrar nuestra paciencia con unos aros de cebolla bien grasientos. 

(http://www.flickr.com/photos/40954787@N00/3341930)

Por fin, a las 6:15 aproximadamente llegó el taxi, nos hizo montar, nos llevó hasta un surtidor (a 50 metros) nos dejó subidos y con el motor en marcha mientras se iba a la tienda “mumbling” - murmurando no sé qué porque no le habían dicho que tenía que hacerse 60 millas de ida y otras tantas para volver, salió de la tienda, ¡abrió el depósito de la gasolina y se puso a repostar!¡¡¡con el motor en marcha!!!¡¡¡y nosotros dentro!!!

Luego era un tipo simpático y conversador que tuvo a Joaquín muy entretenido todo el viaje (o eso parecía) contándole su vida (Afganistán, beisbol, familia numerosa… ); nos trajo sanos y salvos a casa en un rato prudente (a una velocidad imprudente) y nos cobró más o menos lo pactado.

Aunque agotados con tanta aventura emocionante, tuvimos fuerzas para estudiarnos la carta del chino de guardia con reparto a domicilio, y encargar lo que pensamos que era comida para 5… Juzgad vosotros mismos por la foto: vamos a comer chino lo que queda de semana… La comida tardó media hora menos de lo anunciado (60 minutos - casi nos da un infarto) y costó el doble de lo razonable, pero claro, la cantidad de gente que podría sentarse a cenar con nosotros lo justifica.

En fin, que salir al extranjero es una fantástica forma de aprender que hay tantas soluciones a los “problemas” como personas habitan este planeta. Todo es diferente porque TODOS somos diferentes. Y eso es algo que no deberíamos olvidar.

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