Frikifamily's Adventure Overseas

Para aprovechar la semana de Acción de Gracias, nos dimos una vueltecita por las capitales administrativa y económica del imperio: Washington DC y Nueva York.
En la primera, disfrutamos de la hospitalidad de nuestra amiga Esperanza, que nos acogió a los cinco en su casa; una casa preciosa en un barrio precioso, llena de nevaditos y con cafetera italiana… y un casero y unas habitantes tan acogedoras como sorprendentes. Así que, aunque solo fuera por la comida y la conversación, ya mereció la pena el viaje. Pero tener esa base de operaciones nos permitió salir a patear la zona monumental de DC y disfrutar de los enormes espacios abiertos y los gigantescos “in memoriam” del área próxima al río Potomak. 
Los símbolos se construyen, quizás, representando una idea concreta, pero una vez construidos, cada uno pone en ellos un nuevo significado (cada obra de expresión artística tiene ese riesgo: una vez que sale del autor o autora, se pierde el control de su significado). Y así, nos conmovimos en el cementerio de Arlington, donde miles de tumbas de sencillas piedras blancas se alinean en representación de los cientos de miles, millones de muertos de todas las guerras en las que ha participado el ejército estadounidense. Tal vez ellos no lo saben, pero es un monumento que quita la respiración por las dimensiones tan desproporcionadas de la estupidez de nuestra especie y nuestra capacidad de autoaniquilación…
Mi espacio favorito, la “Reflections Pool”, ese enorme estanque que une el Washington Memorial con el Lincoln Memorial, que tantas veces hemos visto en las películas… ¡estaba en obras! Tendré que volver otra vez, no hay excusa.
Por otra parte, poder visitar la enorme riqueza de los Museos del Instituto Smithsonian es una verdadera suerte. En esta ocasión (segunda en pocos años) disfrutamos del Museo de Historia Americana, pero sobre todo, del edificio este, dedicado al arte contemporáneo, de la National Gallery of Art. Continente y contenido. Tuvimos la fortuna de coincidir con la exposición “Headlines” de Warhol, portadas de periódicos realizadas por Andy Warhol a la medida de sus expectativas, deseos o temores… un experimento un tanto desazonador y tierno.
Comimos en un magnífico restaurante mexicano (nos vamos acostumbrando a los sabores “vivos”) y recordamos con cariño y cierta nostalgia nuestra anterior estancia en esta bonita ciudad en compañía de buenos amigos… ¡Cómo pasa el tiempo!
Después de cuatro días, viajamos a Nueva York. Nos alojamos en uno de los barrios más chick, o tal vez debería decir hipster: el East Village. Lleno de bares, restaurantes y comercios de conveniencia. Multirracial y multisexual. Realmente confortable. No como el metro, que es un lugar estresante, para iniciados y personas con mucho que hacer. El metro con niños y maletas es un lugar realmente intimidatorio. Como los precios de la comida y de los taxis. 
Visitamos mucho de lo visitable, pero sobre todo, caminamos por esas calles bulliciosas, llenas de propios y extraños, llenas de injusticia social y de ejércitos de salvación, llenas de actividad inconsciente sobre un submundo que malvive sin tiempo para detenerse a pensar… Rodeamos la Zona 0, y nos dimos de cara con el inagotable afán entre esta gente de amasar pasta con cualquier excusa… Se me encogió un poquillo el estómago de vértigo, qué rápido hanh pasado estos diez años, y cómo a transformado la cara de la ciudad esa ausencia que se ve desde todas partes. Una pena que no haya un lugar donde pararse a reflexionar sobre aquellos que murieron en la otra punta del globo…
Visitamos Wall Street, y quedaban cuatro y el del tambor, sin tiendas, sin derechos, sin expectativas, acompañados por otros tantos homeless y con mucha policía al rededor, protegiendo el templo del capitalismo. Y para que no se los olvidara inmediatamente el calibre de las contradicciones en que vive este pueblo (y algunos otros), nos montamos en un barquito que nos llevó a ver el emblema más falaz y más representativo de lo contrario.
La Estatua de la Libertad, el Empire State, Rockefeller Center, Central Park, Times Square, Broadway Boulevard, el Museum of Modern Art… y millas y más millas metropolitanas. Lo suficiente para querer volver. Lo suficiente para mantener en los cachorros de la frikifamily el gusanillo de conocer el mundo con sus propios ojos.
Y hasta aquí la crónica de este viaje. Hope you enjoyed!

Para aprovechar la semana de Acción de Gracias, nos dimos una vueltecita por las capitales administrativa y económica del imperio: Washington DC y Nueva York.

En la primera, disfrutamos de la hospitalidad de nuestra amiga Esperanza, que nos acogió a los cinco en su casa; una casa preciosa en un barrio precioso, llena de nevaditos y con cafetera italiana… y un casero y unas habitantes tan acogedoras como sorprendentes. Así que, aunque solo fuera por la comida y la conversación, ya mereció la pena el viaje. Pero tener esa base de operaciones nos permitió salir a patear la zona monumental de DC y disfrutar de los enormes espacios abiertos y los gigantescos “in memoriam” del área próxima al río Potomak. 

Los símbolos se construyen, quizás, representando una idea concreta, pero una vez construidos, cada uno pone en ellos un nuevo significado (cada obra de expresión artística tiene ese riesgo: una vez que sale del autor o autora, se pierde el control de su significado). Y así, nos conmovimos en el cementerio de Arlington, donde miles de tumbas de sencillas piedras blancas se alinean en representación de los cientos de miles, millones de muertos de todas las guerras en las que ha participado el ejército estadounidense. Tal vez ellos no lo saben, pero es un monumento que quita la respiración por las dimensiones tan desproporcionadas de la estupidez de nuestra especie y nuestra capacidad de autoaniquilación…

Mi espacio favorito, la “Reflections Pool”, ese enorme estanque que une el Washington Memorial con el Lincoln Memorial, que tantas veces hemos visto en las películas… ¡estaba en obras! Tendré que volver otra vez, no hay excusa.

Por otra parte, poder visitar la enorme riqueza de los Museos del Instituto Smithsonian es una verdadera suerte. En esta ocasión (segunda en pocos años) disfrutamos del Museo de Historia Americana, pero sobre todo, del edificio este, dedicado al arte contemporáneo, de la National Gallery of Art. Continente y contenido. Tuvimos la fortuna de coincidir con la exposición “Headlines” de Warhol, portadas de periódicos realizadas por Andy Warhol a la medida de sus expectativas, deseos o temores… un experimento un tanto desazonador y tierno.

Comimos en un magnífico restaurante mexicano (nos vamos acostumbrando a los sabores “vivos”) y recordamos con cariño y cierta nostalgia nuestra anterior estancia en esta bonita ciudad en compañía de buenos amigos… ¡Cómo pasa el tiempo!

Después de cuatro días, viajamos a Nueva York. Nos alojamos en uno de los barrios más chick, o tal vez debería decir hipster: el East Village. Lleno de bares, restaurantes y comercios de conveniencia. Multirracial y multisexual. Realmente confortable. No como el metro, que es un lugar estresante, para iniciados y personas con mucho que hacer. El metro con niños y maletas es un lugar realmente intimidatorio. Como los precios de la comida y de los taxis. 

Visitamos mucho de lo visitable, pero sobre todo, caminamos por esas calles bulliciosas, llenas de propios y extraños, llenas de injusticia social y de ejércitos de salvación, llenas de actividad inconsciente sobre un submundo que malvive sin tiempo para detenerse a pensar… Rodeamos la Zona 0, y nos dimos de cara con el inagotable afán entre esta gente de amasar pasta con cualquier excusa… Se me encogió un poquillo el estómago de vértigo, qué rápido hanh pasado estos diez años, y cómo a transformado la cara de la ciudad esa ausencia que se ve desde todas partes. Una pena que no haya un lugar donde pararse a reflexionar sobre aquellos que murieron en la otra punta del globo…

Visitamos Wall Street, y quedaban cuatro y el del tambor, sin tiendas, sin derechos, sin expectativas, acompañados por otros tantos homeless y con mucha policía al rededor, protegiendo el templo del capitalismo. Y para que no se los olvidara inmediatamente el calibre de las contradicciones en que vive este pueblo (y algunos otros), nos montamos en un barquito que nos llevó a ver el emblema más falaz y más representativo de lo contrario.

La Estatua de la Libertad, el Empire State, Rockefeller Center, Central Park, Times Square, Broadway Boulevard, el Museum of Modern Art… y millas y más millas metropolitanas. Lo suficiente para querer volver. Lo suficiente para mantener en los cachorros de la frikifamily el gusanillo de conocer el mundo con sus propios ojos.

Y hasta aquí la crónica de este viaje. Hope you enjoyed!

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