Ayer estuvimos en una reboda: una pareja, en cuya primera boda fuimos testigos, celebraba ayer los 25 años de alegrías, tristezas, sustos, aventuras… juntos, con una familia creciente (tienen 5 hijos e hijas, y varios de ellos en edad de formar pareja a su vez)
Teniendo en cuenta como somos algunas, asistir en primera fila a la ceremonia religiosa, según el rito católico (eso sí, en inglés) fue un tanto raro, pero era una agradable tarde de principio de otoño, en el jardín de su casa, con tanta gente de habla hispana mezclada con estupendos manjares de corte hispano también, que pronto se nos olvidó que habíamos estado en una misa…
Lo más emocionante fue ver como muchas de las personas que estaban allí, incluidos todos los hijos e hijas, mostraban su agradecimiento a estos recién recasados por servir como modelo de paternidad y maternidad, por su forma de educar y querer a sus hijos, con mucha creatividad, coherencia y sobre todo, amor; como modelo de persistencia, de empeño en su idea de permanecer juntos y seguir creciendo como personas.
Interesante también la cantidad de personas españolas o latinoamericanas afincadas en los Estados Unidos y haciendo esfuerzos por no perder del todo una identidad cultural que cada vez se va quedando más lejos y más diluida entre los rasgos dominantes del entorno. Qué difícil es ser emigrante.
Mucho material para la reflexión.
María.
(la foto, prestada de aquí)